XVIII Comité de Integración Austral
Conclusiones.
Los Señores Embajadores, Señoras Intendentas, de la región XI y XII, Señores Gobernadores, Señores Consejeros Regionales, Señores Legisladores, Autoridades Consulares, Autoridades de la Cancillería Chilena y Cancillería Argentina, Señores alcaldes e intendentes, autoridades de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, autoridades y representantes del Consejo federal de inversiones y autoridades acreditadas, se hicieron presentes en el XVIII Comité de Integración Austral realizado en Ushuaia.
Es dable que la evolución nos ha conducido de aquellos Comités de Frontera, al día de hoy, donde el Comité de Integración Austral, ha servido para revalorizar, dentro de su función, el ya mencionado concepto de frontera y de seguridad, para implantar una visión de cooperación y comienzo a la posibilidad de implementar una fórmula político-jurídica, que permita la participación estrecha de las provincias y municipios con sus pares del país lindante.
Las iniciativas de aproximación con nuestros vecinos son un objetivo central de la Nación, para el desarrollo de conexiones plurales y significativas de nuestros pueblos.
El título de esta convocatoria habla de inclusión, protagonismo, identidad y equidad. Es una señal muy fuerte acerca del universo de valores que la inspira. No es una reunión administrativa o burocrática. Puedo afirmar que estamos definiendo una nueva integración.
Se está empezando a abrir un espacio diferente para imaginar, pensar y planificar a largo plazo una nueva composición que parta de valores consensuados enmarcados a una política de Estado.
Teóricamente, hay otras posibilidades. Y empíricamente, hay diversas formas para encontrar convergencia de países y bloques distintos de la dinámica globalizadora.
En estos términos, la globalización de la solidaridad humana supone que los habitantes de las diferentes regiones nos hacemos cargo de la humanidad común de nuestros pueblos.
Sensibilizarnos frente a las desigualdades existentes y consignar con ellas; insertando la equidad en los acuerdos internacionales, y saliendo al encuentro a la asimetría injusta.
Globalizar la solidaridad a partir de una situación signada por la injusticia y la desigualdad implica:
* Dar trato preferencial a los débiles en las relaciones sociales, de manera que el resultado final sea equilibrar los actores sociales hoy tan desigualmente ubicados.
* Identificar a los débiles con los pobres y convertir su vida en el criterio para evaluar los mecanismos de solidaridad que se pongan en marcha y sus resultados.
* Dar estos pasos de una forma consciente, tanto las personas como los pueblos y los Estados nacionales.
Otra integración es factible. La condición para que esta alternativa posible llegue a ser una realidad es principalmente política: hace falta desarrollar una conciencia social que vaya acumulando fuerzas para lograrlo.
El por que de la integración?, es un objetivo claramente loable. Integrarnos favorece nuestro desarrollo; nos hace más fuertes y más competitivos, más capaces de insertarnos en el mundo globalizado.
Integración no es aprovechamiento, ni imposición de unas ideas sobre otras. Integración es unión de diferentes culturas y convivencia de las mismas en igualdad y tolerancia.
Integración es pluralismo cultural. Es aprovechamiento de los aportes de todos para la construcción de una identidad común. Es contacto y comunicación entre todos, sin que la unión desvanezca nuestra identidad ni la necesaria defensa de nuestros intereses.
Creer que trabajar mancomunadamente; es sumar y compartir; es discutir y acordar en aras de un proyecto superador; es gestionar; es administrar. Dando a favorecer la búsqueda de más cadenas de valor, de más cooperación financiera, de más emprendimientos infraestructurales comunes, de más complementación energética, de más articulación macroeconómica, de más proyectos científicos y tecnológicos comunes y del desarrollo de mejores posibilidades institucionales de regulación y resolución de conflictos.
El pueblo fueguino conoce y convive a nuestra cotidianeidad con la integración, muchas de nuestras familias así se conformaron. Solo que hoy expandimos ese proceso en un alcance regional, donde comprender las inquietudes y los anhelos de nuestro pueblo es nuestro principal desafío.
En función del bienestar y del desarrollo compartido, la actividad del Estado se centra en incrementar el capital humano y la dignidad de todos y cada uno de nuestros ciudadanos, haciendo los máximos esfuerzos para cubrir sus necesidades y darles las herramientas necesarias para el aprovechamiento de las oportunidades, en áreas que les permitan mayor acceso a la salud, la educación, la vivienda, el fortalecimiento social y familiar y la protección del medio ambiente.
Nuestros pueblos reclaman desarrollo, seguridad y estabilidad, reclamos que no se responden desde los fríos números de las estadísticas, sino desde la búsqueda de un crecimiento armónico, justo, equitativos, con productividad, con empleo digno, con posibilidades de desarrollo individual y colectivo, con visión de futuro.
De esta forma nosotros vemos en la inversión privada no un fin, sino un medio para resolver problemas sociales de las diferentes regiones de nuestros países. No creemos que haya exclusión entre la tesis social de superar la pobreza, de construir equidad, y la tesis económica de que los países son solo un atractivo a la inversión.
La inversión privada tiene que ser una función social, tiene que constituirse en una ayuda esencial para que nuestras regiones derroten la pobreza y construyan ecuanimidad.
Porque la responsabilidad social de la inversión privada se traduce, primero, en la transparencia en las relaciones entre los inversionistas y el Estado: transparencia para las concesiones, para los contratos, para la tributación, para el respeto a las normas ambientales.
También se traduce en las relaciones entre los inversionistas y las comunidades, en su respeto al medio ambiente y su lucha por la equidad. Una responsabilidad social traducida en las relaciones laborales, para que no estén regidas por el capitalismo irracional, tampoco por el odio de clases; sino por los principios de la fraternidad.
Sabemos que un proceso de integración no está exento de dificultades. Pero el camino para superarlas es el diálogo y la comunicación; con una integración seria, madura, confiable, respetuosa y responsable de los legítimos intereses de cada región y su gente.
No es inusual contraponer la dimensión local con la dimensión regional, como si fuesen instancias estrictamente diferenciadas. Es verdad que resulta a veces difícil conciliar la generalidad que impone la integración de una región y la particularidad que atesora la vida cotidiana de las diferentes ciudades y provincias.
Sin embargo, desde una mirada mucha más amplia y estratégica, ambas dimensiones pueden ser concebidas en forma integrada: lo limitado puede marcar el ritmo y el contenido de la agenda regional y, viceversa, las temáticas
regionales pueden determinar la vida local.
Lo significativo es encontrar el equilibrio adecuado entre ambas perspectivas y reformularlo en una dimensión trascendental.
Una integración que no se limita, aunque algunos quieran así entenderlo, al ámbito político o al económico – comercial. Una integración profunda, que reconoce la necesidad de trabajar también en el ámbito legislativo social, cultural, educativo, tecnológico, ambiental, turístico; en otras palabras, en un desarrollo integral de las regiones y su gente
La Cumbre comenzó con una clara muestra del objetivo perseguido. Su programa incluyo esferas de discusión y debate político, rondas de negocios, agendas culturales, donde el dialogo se trasformo en el instrumento rector de un claro atino al consenso y a la adhesión.
Este camino de trabajo es para que nuestro esfuerzo se traduzca en decisiones concretas, que apuntalen nuestro proceso regional y colaboren en el acrecentamiento de las mejores condiciones de vida para todos los que integramos este espacio común.
Claudia Aquino
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