
La geopolítica es una disciplina compleja que ha evolucionado desde la geografía con las influencias sociales, económicas, históricas y políticas. Se sustenta en las relaciones del Estado y el suelo. Su fundamento es desde la geo-historia con el posibilismo humano o el determinismo social.
Desde 1810 hasta el presente nuestro Argentina ha perdido cerca de 2000.000 de km2 de territorio.
Una forma en el presente es que los estados pequeños y medianos pueden ampliar sus espacios económicos y, en consecuencia, elevar su grado de influencia política internacional, pareciera ser integrando, por la concurrencia pacifica y solidaria de sus componentes, una comunidad económica con miras a crear una nueva entidad política
La idea del estado se relaciona con el papel que aspira a desempeñar en el ámbito internacional, y que a su vez se conecta con fundamentos filosóficos – políticos sobre la vida y el destino de su población, encuadrados en un contexto ideológico que lo auxilia en la promoción y justificación de sus aspiraciones.
Las tendencias de conseguir aspiraciones territoriales del Estado tienen relación directa con los fines políticos perseguidos, la posición y la estrategia a desarrollar. Así mismo la conquista del espacio fueron numerosas; pero siempre predominaron ciertas tendencias geográficas.
La conexión del factor geopolítico en posición con la estrategia, penetra en las consideraciones geoestratégicas de primer orden, en función de la importancia que dicho factor tiene con respecto a la política exterior de un Estado.
Nuestro país dentro del espacio insular debe constituir una estratega poblacional desde la información, es sabido que la comprensión conforma la soberanía. Esto es una elección desde el compromiso ciudadano por la relación de pertenencia en el espacio geofísico, es allí donde la fortaleza surge, no de la política pública, sino de una responsabilidad ciudadana como parte de la sociedad republicana.
En materia de política exterior, la existencia de una fuerte debilidad domestica, ha influenciado a vastas desinteligencias de las instituciones oficiales, la idea de estar situados en la insularidad del circulo antártico no emergió con la sinergia especifica para considerar las oportunidades brindadas por el contexto. Las causas pueden ser diversas pero las desiciones deben ser condicionadas por la población, cuando se esta frente al vacío o la despreocupación institucional.
Nuestro país nace y se desarrolla de espaldas a un recurso natural, como el mar, las ciudades marítimas cuentan con innumerables privilegios más en este caso, donde la conjugación de la geopolítica es la única oportunidad de fortaleza para el uso vertical del recurso,no solo para las ciudades costeras, sino para la nación y todo el marco insular.
Es dable, dentro de un marco cosmopolita, que la mayor responsabilidad de la ciudadanía, ha sido dar continuidad a las costumbres de su pueblo, y el tiempo ha conducido, a lo largo de la historia que aquellos inmigrantes, prevalecieran la herencia de sus raíces. Rescatar esta virtud hoy nos convierte en defensores acérrimos del derecho soberano sobre el legado natural geográfico e histórico.
Esto si nos ubica en la condición de fortaleza, la sociedad argentina se comprende desde norte a sur y este a oeste en una potenciadora diversidad, cual se subyuga en provincias que se enmarcan en la geografía de dos continentes, con la misma sociedad y misma oportunidad, vigente desde la emancipación.
Las sociedades son las que gestan los cambios, no las políticas públicas, eso tal vez siempre se interpreta en diferentes escalas espaciales, o es considerado e interpretado de formas particularista. Podemos citar variados ejemplos, pero no es lo tratado hoy. La insularidad actualmente es y fue una fuente de recursos estratégicos diversos, nuestra situación es única y repetible para todas las generaciones desarrolladas en una planificación seria y cuidadosa; es solo tomar la decisión de cómo nos dispondremos desde el lugar que cada uno ocupa
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