
Estamos en tiempo de escuchar las campanas que anuncian la primera década del tercer milenio, esto puede tener dos partes, la primera puede tomarce como reflexión, y en referencia a ello haciendo vista a este primer decenio encontramos un vecindario internacional envuelto en circunstancias pocos claras, en un reordenamiento dentro de la anarquía mundial, o el presente de un nuevo orden internacional.
Tal vez el ser optimista en la política internacional no permite tener dudas. Hoy reconocemos a los Estados en una preocupación que si nos involucra a todos, la responsabilidad y el cuidado de nuestro planeta. En que margen nos ubica y las limitaciones que se encuentran en aquellas faltas de responsabilidad de los gobernantes.
La sociedad internacional esta supeditada a las variables climáticas en todas las expresiones que esto infunde. Desde Copenaghe al mundo, se siguió paso a paso el comportamiento y el compromiso de cada actor internacional, pero esto no deja de contener el compromiso de todos los ciudadanos que habitamos cada uno de los Estados -Nación y donde nos toca estar, para sumarnos a la mejora y sustentabilidad del espacio que nos contiene. Pasa por comenzar a asumir en diferentes escalas la responsabilidad del cuidado del medio ambiente.
Las campanas están sonando como festejo o como advertencia, y es allí, en segunda instancia de esta particular década que se destacaba en el comienzo.
Que los Estados poderosos no estén ausentes; porque hoy el tiempo no da prorroga y todos tenemos derechos, pero no olvidemos que no hay garantías, y justamente esa es la dicotomía, la búsqueda de un equilibrio y un bienestar mundial, nos supedita al poder de unos pocos.
El repensar el tema, es nuestra prioridad y el exigir la garantía a nuestros gobernantes es el derecho de cada ciudadano; nuestra Carta Magna así lo propone: "el sustento para las generaciones futuras". Parafraseando este articulo es el compromiso que en lo personal se debe asumir en el tiempo que suenan las campanas.
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